martes, 9 de diciembre de 2014

Sawabona

Bonita costumbre de esta tribu africana... ¡¡¡SAWABONA!!!

   En esta tribu, cuando alguien hace algo perjudicial o incorrecto, ellos llevan a la persona al centro de la aldea y toda la tribu viene y lo rodea.

   Durante dos días, le dicen "todas las cosas buenas" que él ya ha hecho.

   La tribu cree que cada ser humano viene al mundo como un ser bueno, deseando seguridad, amor, paz y felicidad. 

   Pero a veces en la búsqueda de esas cosas las personas cometen errores; errores que la comunidad ve como un grito de socorro.

   Entonces, la tribu se une para levantarlo; para reconectarlo con quien es realmente, hasta que él se acuerde totalmente de la verdad, de la cual se había desconectado temporalmente: "Yo soy bueno".

   SAWABONA, es un saludo usado en África del Sur que quiere decir: "Yo te respeto, yo te valorizo. Eres importante para mí".

   En respuesta las personas contestan SHIKOBA, que es: "Entonces yo existo para ti".


Fuente: Only good news



   

jueves, 20 de noviembre de 2014

La furia y la tristeza

   A un estanque mágico llegaron una vez a bañarse haciéndose mutua compañía la tristeza y la furia.

   Llegaron junto al agua, se sacaron las ropas, y desnudas entraron a bañarse.

   La furia, apurada, como siempre, inquieta sin saber por qué, se bañó y rápidamente salió del estanque. Pero como la furia es casi ciega, se puso la primera ropa que manoteó, que no era la suya, sino de la tristeza. Vestida de tristeza, la furia se fue como si nada pasara.

   La tristeza, tranquila y serena, tomándose el tiempo del tiempo, como si no tuviera ningún apuro, porque nunca lo tiene, mansamente se quedó en el agua bañándose mucho rato y cuando terminó, quizás aburrida del agua, salió y se dio cuenta de que no estaba su ropa.

   Si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que para no estar así, al descubierto, se puso la única ropa que había, la ropa de la furia. Y así vestida de furia, siguió su camino.

   Cuentan que a veces, cuando uno ve al otro furioso, cruel, despiadado y ciego de ira, parece que estuviera enojado, pero si uno se fija con cuidado se da cuenta de que la furia es un disfraz y que detrás de esa furia salvaje se esconde en realidad la tristeza.



El camino de las lágrimas, Jorge Bucay


domingo, 14 de septiembre de 2014

Bueno...malo... ¿quién sabe?

   Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una pequeña aldea en las montañas. Su único medio de subsistencia era el caballo que poseían, el cual alquilaban a los campesinos para roturar las tierras.

   Todos los días el hijo llevaba el caballo a las montañas para pastar. Un día volvió sin el caballo y le dijo a su padre que lo había perdido. Esto significaba la ruina para los dos. Al enterarse de la noticia los vecinos acudieron a su padre y le dijeron: "Vecino, ¡qué mala suerte!". El hombre respondíó: "Buena suerte, mala suerte, ¡quién sabe!"


   Al cabo de unos días el caballo regresó de la montaña, trayendo consigo muchos caballos salvajes que se le habían unido. Era una verdadera fortuna. Los vecinos, maravillados, felicitaron al hombre: "Vecino, ¡qué buena suerte!" Sin inmutarse, les respondió: "Buena suerte, mala suerte, ¡quién sabe!"


   Un día que el hijo intentaba domar a los caballos, uno le arrojó al suelo, partiéndose una pierna al caer. "¡Qué mala suerte, vecino!" le dijeron a su padre. "Buena suerte, mala suerte, ¡quién sabe!", volvió a ser su respuesta.

   Una mañana aparecieron unos soldados en la aldea, reclutando a los hombres jóvenes para una guerra que había en el país. Se llevaron a todos los muchachos excepto a su hijo, incapacitado por su pierna rota. Vinieron otra vez los aldeanos diciendo: "¡Qué buena suerte, vecino!". "Buena suerte, mala suerte, ¡quién sabe!", contestó.

   Dicen que esta historia continua siempre de la misma manera, y que nunca tendrá un final.


   Dedicado a J. G. R.




miércoles, 13 de agosto de 2014

Un lugar en el bosque

Baal Shem Tov era muy conocido dentro de su comunidad porque todos decían que era un hombre tan piadoso, tan bondadoso, tan casto y tan puro que Dios escuchaba sus palabras cuando él hablaba.

   Se había creado una tradición en aquel pueblo: todos los que tenían un deseo insatisfecho o necesitaban algo que no habían podido conseguir, iban a ver al rabino.

   Baal Shem Tov se reunía con ellos una vez por año, en un día especial que él elegía. Y los llevaba a todos juntos a un lugar único que él conocía, en medio del bosque.

   Y, una vez allí, cuenta la leyenda, Baal Shem Tov encendía con ramas y hojas un fuego de una manera muy particular y muy hermosa, y entonaba después una oración en voz muy baja, como si fuera para sí mismo.

Y dicen...
   Que a Dios le gustaban tanto aquellas palabras que Baal Shem Tov decía, se fascinaba tanto con el fuego encendido de aquella manera, amaba tanto aquella reunión de gente en aquel lugar del bosque... que no podía resistirse a la petición de Baal Shem Tov y concedía los deseos de todas las personas que allí estaban.

Cuando el rabino murió, la gente se dio cuenta de que nadie conocía las palabras que Baal Shem Tov decía cuando iban todos juntos a pedir algo.

   Pero conocían el lugar del bosque y sabían cómo encender el fuego.

  Una vez al año, siguiendo la tradición que Baal Shem Tov había instituido, todos los que tenían necesidades y deseo insatisfechos se reunían en aquel mismo lugar del bosque, prendían el fuego de la manera que habían aprendido del viejo rabino y, como no conocían sus palabras, cantaban cualquier canción o recitaban un salmo, o sólo se miraban y hablaban de cualquier cosa en aquel mismo lugar alrededor del fuego.

Y dicen...
   Que a Dios le gustaba tanto el fuego encendido, le gustaba tanto aquel lugar en el bosque y aquella gente reunida... que aunque nadie decía las palabras adecuadas, igualmente concedía los deseos a todos los que allí estaban.

   El tiempo ha pasado y, de generación en generación, la sabiduría se ha ido perdiendo...

Y aquí estamos nosotros.

Nosotros no sabemos cuál es el lugar en el bosque.

No sabemos cuáles son las palabras.

Ni siquiera sabemos cómo encender el fuego como lo hacía Baal Shem Tov...

Si embargo, hay algo que sí sabemos.

Sabemos esta historia.

Sabemos este cuento...

Y dicen...

Que Dios adora tanto este cuento, 
que le gusta tanto esta historia,
que basta que alguien la cuente
y que alguien la escuche
para que Él, complacido,
satisfaga cualquier necesidad 
y conceda cualquier deseo
a todos los que están compartiendo este momento...

Así sea...

Jorge Bucay


miércoles, 30 de julio de 2014

Los niños estaban solos

   Su madre se había marchado por la mañana temprano y los había dejado al cuidado de Marina, una joven de dieciocho años a la que a veces contrataba por unas horas para hacerse cargo de ellos a cambio de unos pocos pesos.

   Desde que el padre había muerto, los tiempos eran demasiado duros como para arriesgar el trabajo faltando cada vez que la abuela enfermaba o se ausentaba de la ciudad.

   Cuando el novio de la jovencita llamó para invitarla a un paseo en su coche nuevo, Marina no dudó demasiado. Después de todo los niños estaban durmiendo como cada tarde, y no se despertarían hasta las cinco.

   Apenas escuchó  la bocina cogió su bolso  y descolgó el teléfono. Tomó la precaución de cerrar la puerta del cuarto y se guardó la llave en el bolsillo. Ella no quería arriesgarse a que Pancho se despertara y bajara las escaleras para buscarla, porque después de todo tenía sólo seis años y en un descuido podía tropezar y lastimarse. Además, pensó, si eso sucediera, ¿cómo le explicaría a su madre que el niño no la había encontrado?

   Quizás fue un cortocircuito en el televisor encendido, o tal vez una chispa del hogar de leña; el caso es que cuando las cortinas empezaron a arder el fuego rápidamente alcanzó la escalera de madera que conducía a los dormitorios.

   La tos del bebé debido al humo que se filtraba por debajo de la puerta lo despertó. Sin pensar, Pancho saltó de la cama y forcejeó con el picaporte para abrir la puerta pero no pudo.

   De todos modos, si lo hubiera conseguido, él y su hermanito de meses hubieran sido devorados por las llamas en pocos minutos.

   Pancho gritó llamando a Marina, pero nadie contestó su llamada de auxilio. Así que corrió al teléfono que había en el cuarto (él sabía como marcar el número de su mamá) pero no había línea. 

   Pancho se dio cuenta que había de sacar a su hermanito de allí. Intentó abrir la ventana que daba a la cornisa, pero era imposible para sus pequeñas manos destrabar el seguro y aunque lo hubiera conseguido aún debía soltar la malla de alambre que sus padres habían instalado como protección.

   Cuando los bomberos terminaron de apagar el incendio, el tema de conversación de todos era el mismo: "¿Cómo pudo cargar al bebé en su mochila?
"¿Cómo pudo caminar por la cornisa con semejante peso y bajar por el árbol?
"¿Cómo pudo salvar su vida y la de su hermano?".

   El viejo jefe de bomberos, hombre sabio y respetado les dio la respuesta.

   -Panchito estaba solo... No tenía a nadie que le dijera que no iba a poder.

Jorge Bucay, Cuentos para pensar.


sábado, 5 de julio de 2014

El Buscador de Sueños

   ...Ese día ofreció a los presentes el relato de un sueño.

   -Imaginad que camináis lentamente por una carretera blanca que se prolonga hasta más allá del horizonte. Debéis llegar a una localidad lejana y el camino se hace difícil, casi imposible. La carretera se extiende ante vosotros, pero no lográis dar ni un paso.

   De pronto aparecen en el cielo unas nubes bajas que envuelven la llanura en sombras y la carretera blanca desaparece. Os sentís desanimados, atemorizados, no sabéis qué hacer. No podéis volver atrás porque de repente se ha formado un río a vuestra espalda.

   En la otra orilla hay una niña que os llama, os hace gestos para que crucéis. No existe otra posibilidad , de modo que decidís enfrentaros a la corriente.

   Algunos no consiguen imponerse y son arrastrados a lo largo de kilómetros y kilómetros hasta que llegan a un pueblo completamente blanco. Entonces se dan cuenta de que es justo la localidad a la que debían llegar en el sueño y sonríen de felicidad.

   Piensan en los que han vuelto atrás y tienen de nuevo ante sí la carretera blanca que se prolonga hasta más allá del horizonte.

   Al final del relato, Nazareno recordó a los presentes que la decisión y el valor también son necesarios en los sueños.

Romano Battaglia, El buscador de sueños.


jueves, 12 de junio de 2014

Mi alma rota 
Esta noche, mi alma rota.
Deshecha a jirones
Esta noche, amor, 
mi alma rota.

Regálame tu sonrisa
tu compañía serena
tus besos de miel y azahar
tu abrazo de amigo.

Mi alma rota
Esta noche, mi alma rota.

Nuestras palabras precipitan todo 
hacia el vacío de la pérdida.
Palabras de historias pasadas
y de deseos en la espera.

No te vayas, amor, esta noche
No me dejes, amor, ciega.

Muerde mi cuello y frena
la caída al vacío por tu ausencia.
Besa mis labios y sella
este amor que teme tu pérdida.

Sueña conmigo esta noche
Sueña conmigo, y alimenta...

Que mis sueños se han roto esta noche
que mi alma grita, llora y pena.
No me dejes amor, no te marches
que mi alma se quiebra.

Mi alma rota
Esta noche, mi alma rota.
Deshecha a jirones.
Esta noche, amor, mi alma rota.

M. Mar Nortes